documenti


LA REVOLUCIÓN ECONÓMICA HUMANISTA

Jerome Smith. jsmith@netup.cl

Febrero de 1997

 

¿Y ahora qué?

Durante todo el siglo 20 la humanidad ha vivido creyendo que existen solamente dos sistemas económicos posibles, y opuestos entre sí: la Economía de Mercado (Capitalismo) y la Economía Planificada (Socialismo). En el momento actual, a fines del milenio, después de la caída de la Unión Soviética y el fracaso de los Socialismos reales se ha perdido fe en la posibilidad de una sociedad justa y solidaria y se ha aceptado (con resignación por muchos y con júbilo por otros) a la Economía de Mercado como el único sistema posible en la práctica. Entonces el ser humano se encuentra en un momento de resignación y escepticismo frente a los nobles ideales y propuestas de un mundo mejor: se los descarta como utopías e ingenuidades.

Frente a este momento de crisis, surge la necesidad imperiosa de proponer un modelo económico revolucionario que implique una superación histórica de todo lo conocido hasta ahora: un salto cualitativo en la evolución del ser humano. Esto ayudará a las personas a re-despertar su fe en un mundo mejor, y abrirá el futuro del ser humano hacia una nueva civilización.

 

LA ECONOMIA ACTUAL

Premisas Filosóficas

La sociedad actual está fundamentada en una premisa básica tácita. Dicha creencia no está expresada explícitamente en las Constituciones o en las leyes pero su presencia se detecta en casi todas las corrientes de pensamiento y en las actitudes de las personas. Se podría resumir de la siguiente manera:

El ser humano tiene una naturaleza predeterminada. En consecuencia, sus actos son producto mecánico de su naturaleza. No puede cambiar su naturaleza esencial, y en el fondo no tiene intencionalidad o libre albedrío.

En otras palabras,

La conciencia es pasiva, y como tal es reflejo del mundo.

Esta misma premisa se ha manifestado de distintas formas (aunque en su esencia es la misma) en las ideologías liberales y marxistas.

Dentro de la concepción liberal, el hombre es intrínsecamente egoísta por naturaleza y sólo se mueve en pos de sus intereses personales. Al igual que los animales, la selección natural se encarga de que solo sobrevivan los individuos más aptos (Darwin). Al extrapolar esta concepción a la sociedad, surgen los conceptos del libre mercado, competitividad, la sobrevivencia de las empresas más eficientes, y las leyes "naturales" de la oferta y la demanda. En conclusión, la sociedad estaría regida por leyes de la naturaleza.

Según el materialismo dialéctico, la materia es la axioma básica de partida, y el ser humano está sujeto a las mismas leyes físicas que rigen a la materia. Al desarrollar sobre esta premisa se llega a la conclusión que la sociedad está regida por leyes naturales tales como la lucha de clases y los factores de producción.

Aunque aparentemente opuestos, las ideologías liberales y marxistas tienen esencialmente las mismas premisas y conclusiones: que el ser humano tiene una naturaleza determinada y que la sociedad está regida por leyes naturales, como aquellas que gobiernan la materia. Es decir, la sociedad es un fenómeno mecánico, natural, y en consecuencia no depende de, ni puede ser cambiado por la voluntad o intencionalidad de los seres humanos.

Esta postura filosófica del liberalismo y el marxismo se manifiesta en la práctica en sus modelos económicos, como veremos a continuación.

 

El Principio Básico de la Economía de Mercado

Al observar el funcionamiento de la Economía de Mercado, se deduce que se sustenta en el siguiente principio básico:

El fin o motivación para producir todo bien o servicio es el lucro personal.

En otras palabras, la razón para formar una empresa o realizar un trabajo es recibir dinero a cambio.

Esto implica que el quehacer humano se mide en términos monetarios. Un proyecto tiene sentido si es rentable para sus ejecutores, o en otras palabras si ostenta un número positivo en la última línea de un estado de resultados. Un proyecto cuyo fin fuera lograr un mayor bienestar espiritual entre los vecinos de una comuna (por ejemplo) sería difícil de justificar en este sistema, a la hora de conseguir financiamiento de la empresa privada.

Esta perspectiva economicista se ha extendido hasta invadir todo el campo de la subjetividad humana. El verdadero interés de aquellos que controlan los medios de producción es hacer buenos negocios para sí mismos. No es hacer un aporte a la sociedad. El resto de la humanidad, aquellos que venden su fuerza de trabajo, están obligados a tener la misma motivación, pues todos necesitan ganar dinero para sobrevivir. "Desde el pensamiento hasta los músculos, todo está educado para contraer, no para soltar". De esta manera, las intenciones, creatividad y energía mental de la gente está orientada a obtener dinero, y no a realmente solucionar los problemas de la humanidad.

No ha de extrañarse entonces la pobreza reinante en el planeta, no solo en Africa y el Tercer Mundo, sino también en las ciudades de los países "desarrollados". Dentro de la lógica de los buenos negocios, para obtener una buena rentabilidad no es necesario producir bienes para satisfacer las necesidades de grandes conjuntos humanos. Basta con producir una cantidad módica para un sector pudiente de la población.

Por consiguiente, si aceptamos la premisa en cuanto a la naturaleza predeterminada del ser humano, diríamos que por simple observación, las leyes "naturales" de la oferta y la demanda no han sido eficaces en superar los problemas de la humanidad. Por otro lado, si reconocemos la existencia de la intención en el ser humano, vemos que en el momento actual la intencionalidad conjunta de la humanidad está puesta en obtener dinero. Veamos ahora como este simple hecho ha dado lugar a todo el armado económico y social que conocemos hoy en día.

 

La Ineficiencia de la Economía de Mercado

Contrariamente a lo que sustentan sus ideólogos, la economía de mercado es extraordinariamente ineficiente. Al examinar cuidadosamente la mecánica de este sistema, se observa que existen numerosas actividades que no aportan nada a la producción de los bienes. Su verdadera función es asegurar la máxima rentabilidad para los dueños del negocio.

Cada año se gastan millones de dólares en publicidad para promover varias marcas del mismo producto, por ejemplo "Coca Cola" y "Pepsi". El argumento que la publicidad es necesaria para informar a la población sobre la existencia de los productos suena como un insulto a la inteligencia: ¡para fines informativos bastaría un aviso en las páginas amarillas! Si uno necesitara un determinado producto, bastaría con tener una fuente de información fidedigna que indicara donde se obtiene.

Tomemos otro ejemplo: una típica empresa manufacturera, una fábrica de zapatos. La empresa, o sea el grupo humano que lo constituye, trabaja para producir zapatos, bienes que satisfacen una necesidad de la gente. Sin embargo, hay muchas actividades realizadas por el personal de la empresa que no aportan nada a la producción en sí. Los vendedores pasan todo el día en la calle buscando clientes (como si no existiera gente en el mundo necesitada de zapatos); el personal administrativo, apoyado con el sistema de computación, emite cientos de facturas en papel triplicado al mes; el departamento de cobranzas hace incontables llamadas telefónicas y visitas a los clientes para lograr que el dinero vuelva a la empresa; la gente de informática dedica largas horas a generar programas que calculan el sueldo exacto de cada trabajador (no vaya a ser que se lleve unos pesitos de más por error); el departamento de "Marketing" y el Gerente General dedican sus vidas a inventar estrategias para colocar sus productos en nuevos mercados, y a proyectar la empresa más allá del año 2000. ¿A qué va dedicado todo este esfuerzo maratónico? ¿A producir los zapatos? Está claro que no. La producción ocupa una proporción pequeña del esfuerzo realizado por la gente de la empresa. La mayor parte: ventas, facturación, administración, cobranzas, informática, finanzas, "marketing", va dirigido a obtener el mayor beneficio monetario posible para los dueños de la empresa.

Por otro lado, dentro de la lógica de los negocios, muchas veces no tiene sentido aumentar la producción. Al contrario, un exceso de producción genera sobreoferta y se reduce la demanda y con ello los precios. En cambio, al reducir la producción se genera escasez, y por la mecánica de la oferta y demanda, esto eleva los precios. En consecuencia, a veces resulta más rentable producir poco y caro, en vez de permitir que más personas tengan acceso a un determinado producto. Un ejemplo monstruoso se observa en la agricultura: resulta más rentable para los productores de cereales de Estados Unidos destruir su producción sobrante en vez de donarla a países necesitados, tales como Etiopía y Ruanda.

Extrapolando esto a toda la sociedad, podemos inferir que los mayores esfuerzos de la humanidad están puestos en preocuparse de que la actividad que uno realice sea rentable, en vez de producir para la sociedad.

 

El Dinero: El Mito del Siglo 20

Hoy en día el dinero es todo. Es la nueva religión. Para casi cualquier proyecto, se necesita dinero: para formar una empresa, crear una Universidad o investigar una cura para el SIDA. Para alimentarse adecuadamente, educarse, tener acceso a la información, sacarse una muela, e incluso para tener relaciones afectivas se necesita dinero. Se ha instalado el Dios dinero en los corazones de los hombres.

Pero en realidad esta situación se sustenta en un gran mito. Se cree que el dinero es un objeto tangible, que tiene una sustancia y fuerza intrínseca que lo hace capaz por sí solo de construir industrias, carreteras y hospitales. En verdad, la única fuerza que realmente construye el progreso material es el trabajo del ser humano. La actividad creadora de millones de personas producen los automóviles, las casas, la educación, la salud y la cultura. No los produce el dinero.

El dinero es una convención social que fue creada con el fin de establecer en forma precisa los bienes que uno exige recibir, a cambio de lo que uno produce. Es una forma avanzada de trueque, donde el acto de recibir un tangible es sustituido por el acto abstracto de "registrar" la transacción realizada en la conciencia colectiva contable. Independiente de la forma de pago, siempre se realiza el acto de registrar la transacción. Cuando el pago se hace con dinero en efectivo (papelitos coloreados de 7x14 cm), el registro es mental: se dice, "Te dí la mercadería, me pagaste, ya no me debes". En otros casos el registro se realiza en una cuenta corriente bancaria, donde las transacciones se almacenan electrónicamente en una computadora. De este modo, el dinero se ha convertido en un meta-bien. No es en bien en sí mismo, pero se usa para transarlo por bienes tangibles. Lo que hace esto posible es el acuerdo tácito social en aceptar dinero a cambio de cualquier servicio o producto.

Esta universalidad de poder de compra que se le ha otorgado al dinero lo ha convertido en un meta-bien muy cotizado en la sociedad. Con dinero se puede comprar todo, hasta a las personas. En torno a esta convención social se ha levantado un imperio mundial de un poderío inédito: la banca y el sistema financiero internacional. Todas las actividades bancarias, de la bolsa de valores, del mercado de capitales, constituyen un armado de un edificio abstracto en las conciencias de las personas que adquiere proporciones impresionantes. Millones de dólares en tecnología de última generación se gastan en apoyo del sistema financiero: supercomputadoras, fibra óptica y comunicaciones satelitales. Toda esta actividad no aporta ni un ápice de algo útil para la gente. La banca no produce absolutamente nada que sea útil en la vida concreta de un ser humano.

El sistema financiero se ha convertido en un instrumento de dominio y poder, por unos pocos sobre el resto de la humanidad. Las empresas no pueden operar sin el crédito bancario, y los gobiernos postergan las necesidades de sus pueblos para no espantar a los capitales extranjeros hacia otros mercados. Un puñado de hombres inescrupulosos, dueños del capital financiero internacional, cuya motivación no es el avance de la humanidad, sino solamente sus intereses personales, controlan los destinos de la sociedad, decidiendo en qué invertir su dinero. Su único criterio para invertir es la rentabilidad, no importa que esto sea descubrir una cura para el cáncer, o fabricar armamentos.

 

La Revolución Tecnológica: Una Paradoja Social

La revolución tecnológica ha traído consigo una gran paradoja. Durante la era de la revolución industrial en los siglos 19 y 20, en las fábricas y oficinas la mayoría de las personas han tenido que realizar trabajos tediosos y aburridos que ofenden a la inteligencia y oprimen el espíritu. A partir de los años 80, la masificación de la tecnología informática y robótica ha hecho posible automatizar muchas tareas mecánicas y repetitivas, otrora realizadas por seres humanos. En las oficinas, donde antes habían ejércitos de funcionarios sumando números con papel y lápiz, ahora hay un contador con una computadora. La compañía Japonesa Toyota, tiene fábricas de automóviles producidos exclusivamente por robots, y supervisado por un solo hombre.

Este cambio debería haber significado un gran beneficio para la humanidad, al liberar al ser humano de las labores monótonas para poder dedicarse a actividades más interesantes y creativas. Sin embargo, esto no ha ocurrido en la práctica. Más bien, una minoría de empresarios se ha apoderado ilegítimamente de la tecnología, que en realidad es patrimonio de toda la humanidad, y la implementan en las empresas para despedir personal y así reducir costos y aumentar sus utilidades. De este modo, los trabajadores efectivamente quedan liberado de sus labores tediosas pero sin el beneficio que están brindando las máquinas. Los trabajadores quedan cesantes y sin ingresos para asegurar su bienestar, y solamente el empresario recibe los beneficios de la automatización. La explicación de este fenómeno radica en el principio básico de la Economía de Mercado señalado en los inicios de esta tesis: ya que el fin para realizar toda actividad es el lucro personal, el empresario no introduce tecnología pensando en el tiempo libre que esto le pueda brindar a sus empleados, sino en la mayor rentabilidad que pueda obtener.

Por consiguiente, la consecuencia de la revolución tecnológica en el sistema neo-liberal es el aumento de la desocupación. Esto se observa hoy en día sobre todo en Europa. Los sectores desocupados obviamente ven disminuido su poder adquisitivo, y por lo tanto consumen menos y los empresarios ven reducidas sus ventas. Uno tendería a pensar que por este motivo la automatización es un proceso insostenible, porque a la larga, el empresario ya no tendría a quien vender. Es difícil emitir una conclusión categórica sobre este punto, pero lo que sí esta claro es que en la medida que el empresario va reduciendo sus costos, necesita vender cada vez menos para mantener su empresa y obtener utilidades. Solo necesita producir y vender a una minoría (cada vez más reducida) de personas pudientes. Entonces vastos sectores de la humanidad van quedando marginados fuera del circuito productivo porque ya no trabajan ni consumen. Se genera la situación monstruosa y absurda que ya no se necesita al ser humano, ni para producir, ni para comprar, y por lo tanto se va convirtiendo en algo descartable, que sobra.

 

El Sin-Sentido

Todo ser humano necesita sentir que su vida tiene sentido, que no está vegetando: meramente existiendo para cumplir su ciclo biológico: nacer, procrear y morir. En otras palabras, uno necesita sentir que tiene una misión en la vida, que vaya más allá de satisfacer las necesidades inmediatas de sobrevivencia.

Antiguamente, el trabajo tenía un sentido para cada ser humano. En las primeras comunidades primitivas, el trabajo tenía un sentido social: cada miembro de la comunidad aportaba con su trabajo al bienestar del conjunto. Algunos cazaban, otros pescaban, y otros construían las casas y cuidaban a los niños. Si bien el trabajo evidentemente estaba orientado a la subsistencia, no tenía un fin individualista, sino más bien comunitario, y eso le otorgaba un sentido social.

Más adelante, desde la Babilonia hasta el siglo 20, el trabajo de la humanidad, traducido en ciencia y tecnología, ha aportado a la superación del dolor y sufrimiento del ser humano, lo cual ciertamente ha tenido un sentido válido.

En el sistema capitalista actual, para realizar cualquier trabajo para la comunidad, ya no se puede hacer solamente con buenas intenciones, pues se requiere capital. Esto es claro: para curar enfermos, construir casas y realizar investigación científica se requiere dinero. El hecho de que el capitalista sea dueño del capital y de los medios de producción implica que es dueño de los medios de trabajo. No se puede trabajar sin el capitalista, y el trabajador debe pedirle que le conceda un puesto de trabajo. Es común escuchar a los empresarios decir, ‘Yo le "doy" trabajo a mucha gente’, y a los trabajadores comentar agradecidos, ‘Mi patrón me "da" trabajo’. La ironía es que el empresario le da al trabajador algo que hacer, cuando en realidad ya hay mucho que hacer, muchas necesidades humanas que satisfacer. Entonces el empresario controla el trabajo: decide qué trabajo será realizado, donde, cuando, cuanto, para quienes, y para qué. Como ya hemos señalado, el "para qué" es casi invariablemente el lucro personal del empresario.

Por consiguiente, aguijoneados por la necesidad de sobrevivir, la gente se encuentra obligada a trabajar apoyando a las intenciones de aquellos que controlan el sistema, no de acuerdo a sus propios proyectos. El sistema infunde un permanente temor a perder el empleo, y así logra que sus empleados trabajen muchas horas extraordinarias. Además le ha "lavado el cerebro" a la gente haciéndoles creer que en la empresa van a triunfar si se colocan "la camiseta" de la compañía.

De esta manera, las personas trabajan sabiendo que el verdadero fin de su labor no es hacer un aporte a la humanidad, sino apoyar a un sistema social inhumano y violento. El cajero de un banco intuye que en realidad no está produciendo nada útil para la gente, el vendedor de AFP sabe que en el fondo todas las AFP son iguales, y el gerente de una clínica privada debe rendir cuentas a los accionistas en términos de rentabilidad más que en vidas humanas salvadas.

Muchos se auto-engañan y dicen que están bien, están tranquilos y su único proyecto de vida es seguir trabajando. Otros que han "triunfado" económicamente, aunque les cueste asumirlo, llevan la derrota en su alma, porque el dinero no les trajo la felicidad que esperaban. Por otro lado, hoy en día muchas personas reconocen que se sienten asfixiados en una monotonía gris sin horizontes, y que no tiene verdadero sentido trabajar todo el día para ayudar a la "Company" en sus proyectos de expansión, los cuales no sirven a la humanidad sino solo a los intereses de un grupúsculo de accionistas.

Este sistema ha generado el sin-sentido social, el cual nos afecta a todos por igual: a pobres y ricos, trabajadores y empresarios. El empleado que trabaja todo el día en una oficina se siente encerrado en su rutina y sin futuro. El magnate, dueño de un imperio económico, sabe dentro de su intimidad que en el fondo de su alma se siente vacío, y en realidad muy pobre, pues no se podrá llevar su fortuna al morir.

 

El Socialismo

Según la concepción Marxista, cuando las contradicciones internas de la sociedad burguesa llegan a un nivel que exacerba suficiente a la lucha de clases, el proletariado se toma el poder e instaura la "Dictadura del Proletariado". Debido a la misma premisa filosófica presente en el liberalismo en cuanto a la supuesta naturaleza predeterminada del ser humano, el hecho revolucionario no es visto como un acto de intencionalidad humana, sino como un fenómeno inherente a las leyes de la evolución histórica. Por el mismo motivo, la sociedad no puede ser gobernada por el ejercicio de la libertad individual de sus ciudadanos, porque se tendería naturalmente a la anarquía o se revertiría al Capitalismo, impulsado por las fuerzas reaccionarias "naturales" de la contrarrevolución. Se supone que las "masas" no están instruidas, puesto que se han formado en la sociedad burguesa, y por ende deben ser conducidas por la dirigencia del Partido Unico (Comunista). Se utiliza este punto de vista para justificar la instalación de una dictadura del partido único, en la cual se mantiene un control férreo sobre las personas, las ideas, los partidos políticos, las religiones y la economía. Todo es controlado por el estado, en manos de la nueva minoría en el poder.

En particular, la economía es planificada y controlada por la burocracia estatal, para que cada persona reciba lo que le corresponda y para que se produzca de acuerdo a las necesidades de la población. Así queda poco espacio para la libertad e iniciativa de la gente. Es una sociedad autoritaria, tanto en su concepción filosófica como en su implementación histórica tristemente conocida, en la cual se niega la libertad y la intencionalidad del ser humano. La actitud aprehensiva que no permite que la gente dirija su propio destino devela una enorme falta de fe en el ser humano.

Se intenta transformar al ser humano creando un nuevo hombre solidario. Pero como se parte de la premisa de la pasividad de la conciencia, se impone la solidaridad por decreto, intentando cambiar al hombre desde afuera (sus condiciones objetivas), en lugar de hacerlo desde adentro, desde su subjetividad.

Si se niega la libertad y la subjetividad, en fin la dimensión espiritual del ser humano, ¿cual es entonces el sentido de la sociedad Marxista? El fin del trabajo es solamente la satisfacción de las necesidades biológicas, pero no la necesidad de crecimiento interior. Así pues, el hombre queda reducido a un mero factor económico. Esta visión tan chata y gris de la vida, genera a la postre, el mismo sin-sentido que el Capitalismo.

Durante el siglo 20, ni el Capitalismo ni el Socialismo han sido capaces de generar bienestar para el ser humano, y además su premisa filosófica subyacente, en cuanto a la pasividad de la conciencia, ha generado el sin-sentido social. Están agotadas estas viejas formas económicas e ideológicas, y ha llegado el momento de construir una nueva civilización.

 

LA ECONOMIA HUMANISTA

 

Premisas Filosóficas

El Nuevo Humanismo toma como punto de partida axiomática la experiencia subjetiva del ser humano. No parte de una teoría preconcebida del hombre, la historia, Dios o el universo. En otras palabras, la realidad esencial es todo aquello que siente, piensa y experimenta la conciencia humana.

Este axioma da lugar a una ética y escala de valores basadas en la subjetividad humana, donde el "bien" es todo aquello que hace sentirse feliz y libre al ser humano, y el "mal" es todo lo que hace sufrir al ser humano. De esta manera, se coloca al ser humano como valor central, por encima de cualquier otra consideración.

Desde la perspectiva de la experiencia vivencial, el ser humano lucha por ser feliz y superar el dolor y el sufrimiento. Se distingue entre el dolor físico causado por agentes externos, como el hambre y la enfermedad, y el sufrimiento mental que es producto de la falta de coherencia interior.

Desde los inicios de su historia, el ser humano se encuentra en un mundo dado, que no ha elegido. Un aspecto de este mundo es el medio natural, del cual forma parte el cuerpo. El hombre ha luchado durante milenios para superar los condicionamientos de la naturaleza, y así ha generado la agricultura, la medicina, la ciencia y la tecnología. Además, ha intentado generar respuestas para su sufrimiento mental y sus preguntas acerca del sentido de su existencia. De esta manera, ha generado una cultura y una sociedad, de modo que el medio del ser humano no es sólo natural, sino además social e histórico.

La coherencia se define como la coincidencia entre el sentir, pensar y actuar. La falta de acuerdo entre estas fuerzas es la contradicción interna que se experimenta como sufrimiento y genera violencia personal y social. En cambio, cuando una persona logra ponerse de acuerdo consigo mismo, y pone sus fuerzas emotivas e intelectuales en una dirección que contribuye a superar el dolor y el sufrimiento en él y los demás, experimenta en su conciencia la paz, la alegría y la fuerza.

La felicidad de cada individuo no se opone a la felicidad de los demás. Todo lo contrario, al causar sufrimiento a otros, se experimenta una incoherencia interior, al tratar a otros de manera opuesta al trato que uno quisiera recibir. En cambio, tratar a los demás como uno quisiera ser tratado, es la clave para unas relaciones humanas cálidas y fraternas. Este es el principio de la solidaridad, la famosa "regla de oro", expresada de distintas formas pero en esencia la misma, en todas las culturas durante milenios.

Al reconocer la existencia de la propia subjetividad y al colocarlo como fundamento legítimo de la realidad, resulta una simple observación el hecho de que uno imagina situaciones inexistentes en el presente pero deseadas en el futuro, es decir, uno tiene intención. El ser humano tiene la posibilidad de optar entre distintas alternativas, en otras palabras, tiene libre albedrío. Esta es la esencia de lo humano: la posibilidad de la libertad, esto es, la intencionalidad.

La concepción del ser humano como ser libre e intencional se opone diametralmente a otras visiones según las cuales el hombre es un autómata que actúa en base a fuerzas mecánicas de la naturaleza, gobernado por sus genes y reacciones bioquímicas en su cerebro. El ser humano tiene la capacidad de imaginarse el futuro que quiere, y luchar por alcanzarlo.

En su lucha por superar los aparentes determinismos del presente, el ser humano transforma a la naturaleza y a sí mismo. Ha sido demostrado incontables veces en la historia, que no existe para el hombre, "un orden natural de las cosas", y por lo tanto, el ser humano tiene la capacidad de transformarse a sí mismo y al universo sin límites. Esta rebeldía frente al absurdo de lo natural, es su más hermosa lucha, y ni aún la muerte podrá detener el ascenso del espíritu humano.

Las premisas filosóficas que constituirán los cimientos de la nueva civilización pueden sintetizarse de la siguiente manera:

El ser humano es un ser libre, con intencionalidad y la posibilidad de transformar al mundo y a sí mismo sin límites. Lucha por ser feliz y expandir su libertad y su mente. El actuar en consecuencia con los valores de la solidaridad y la libertad le da sentido a su existencia.

En otras palabras,

La conciencia es activa, y transforma al mundo y a sí mismo.

 

El Principio Básico de la Economía Humanista

La economía humanista del futuro se basará en el siguiente principio básico:

El fin de todo trabajo o servicio es aportar al bienestar material y espiritual de la sociedad.

Esto significa que el motivo para realizar cualquier empresa o proyecto es contribuir al bienestar de la comunidad, o sea hacer un aporte a otros seres humanos (y a sí mismo). El fin ya no será recibir dinero o mercancías a cambio. En realidad, es algo mucho más grande y gratificante lo que cada persona recibirá a cambio: la satisfacción de contribuir al bienestar general, y sentirse integrado en una humanidad fraterna, cálida y solidaria.

No existirá más el "cálculo" al realizar cualquier trabajo. Se trabajará en forma desprendida, relajada, alegre, sin temores ni aprehensiones por no recibir el pago correspondiente.

 

Funcionamiento de la Economía Humanista

En la economía humanista las empresas y personas regalarán sus productos y servicios a la comunidad. Cabe preguntarse, "¿como será posible esto: si para producir bienes se requieren materias primas e insumos, de donde saldrán estos últimos? " La respuesta es que, como se señaló anteriormente, la riqueza es producida en esencia por el trabajo humano. La economía humanista funcionará en base a la reciprocidad global, donde todas las personas y empresas regalarán su producción entre sí. De este modo, cada empresa recibirá materia prima gratuita de otras empresas, y las personas que en ella trabajan no cobrarán un sueldo. Las personas no necesitarán recibir un salario, ni tampoco preocuparse por su subsistencia, pues todos los productos y servicios que se necesitan para vivir serán gratuitas, a disposición de toda persona cuando las necesite.

Las empresas se formarán mediante la iniciativa de grupos de personas que se juntan para producir servicios y satisfacer necesidades de su comunidad, ciudad o región. Las maquinarias, terrenos, edificios, materia prima e insumos se obtendrán gratis de otras empresas. Los dueños de la empresa serán todos los trabajadores que la conforman, esto es, serán "empresas de trabajadores". El trabajo y las decisiones serán tomadas en conjunto. Cada persona realizará funciones de acuerdo a sus conocimientos y habilidades. También existirá lo equivalente a los gerentes de hoy día, y su función será coordinar y organizar la producción en forma eficiente. No existirán diferencias de sueldos ni conflictos por repartición de utilidades, pues no existirán ni sueldos ni utilidades.

En la economía humanista quedará abolido el concepto de comprar y vender, y con esto el concepto de precio y costo. Por consiguiente, ya no será necesario el dinero para intercambiar bienes. Con esto se derrumbarán los bancos y las instituciones financieras. Todo el armado actual del capital financiero, con las bolsas de valores, créditos e instrumentos de inversión quedará como una anécdota irrelevante del pasado.

 

La Sociedad de la Abundancia

En gran contraposición a las economías capitalistas y socialistas, la economía humanista será una economía eficiente. No se derrocharán valiosas horas-hombre en realizar tareas inútiles improductivas tales como publicidad, "marketing", ventas, contabilidad, finanzas, cobranzas, facturación, etc. Tampoco se desperdiciará la intención humana en preocuparse de las propias ganancias (estarse "mirando el ombligo") ni energía mental perdida en aprehensiones acerca de la propia sobrevivencia o de que a uno lo estafen. Toda la energía y creatividad humana estará orientada hacia la producción, a satisfacer las necesidades de la humanidad. Retomemos el ejemplo de la fábrica de zapatos, para ver la diferencia con el modelo capitalista:

En la fábrica de zapatos humanista, algunos trabajadores realizarán la producción en sí, haciendo zapatos, asistidos por maquinarias y tecnología. Otras personas se encargarán de buscar materia prima e insumos de otras empresas. Una o más personas se encargarán de la mantención de las maquinarias. Otros colocarán avisos informativos (no publicitarios) acerca de la fábrica en una base de datos pública, para que las empresas distribuidoras sepan que allí pueden ir a buscar los zapatos. Finalmente, habrán personas encargadas de coordinar y organizar las actividades.

Existen cuatro factores poderosos que generarán la abundancia en la economía humanista:

1) La orientación de las intenciones humanas hacia el bienestar social,

2) La concentración de las actividades en tareas productivas,

3) El aumento de la producción sin restricciones por consideraciones de sobreoferta,

4) La revolución tecnológica.

A las personas les importará el bienestar de los demás seres humanos, y en consecuencia orientarán sus intereses y actividades hacia la solución de los problemas de la humanidad. Al detectar necesidades y carencias en muchos grupos humanos, las personas y empresas producirán para satisfacer estas necesidades. Las actividades serán sobre todo productivas; no se perderá tiempo ni esfuerzo en consideraciones ajenas a satisfacer las necesidades de la gente. La producción no estará limitada por los conceptos de precio y sobreoferta, los cuales evidentemente estarán fuera de contexto. Por ende la producción podrá crecer sin límites hasta satisfacer con creces la necesidad de la población. Por último, la revolución tecnológica permitirá producir con menos horas-hombre y aprovechar recursos otrora inútiles, por ejemplo, usar los desiertos para la agricultura.

En una sociedad de abundancia generalizada, las personas perderán el temor de no obtener lo que necesitan para su sobrevivencia. En este contexto, cada persona tomará lo que necesita para su bienestar. Por simple sentido común, no consumirá más carne de la que puede comer, no se llevará más ropas de las que caben en su ropero y no tendrá sentido tener 10 automóviles que no puede estacionar en su casa. Por consiguiente, cada persona consumirá lo que necesita, y dejará para el resto. De este modo, la producción podrá satisfacer las necesidades de toda la humanidad. Al desaparecer el temor a la escasez, desaparecerá también el origen de la codicia y el acaparamiento.

La abundancia disminuirá la codicia, y en continua retroalimentación, la disminución de la codicia aumentará la abundancia.

 

Transformación del Concepto de Propiedad Privada

En el sistema actual, el sentido de poseer medios de producción, esto es, terrenos, edificios, maquinarias, etc. es tener poder sobre el resto de la gente, para acceder a la riqueza. Al poseer medios que no muchos tienen y son indispensables para la producción, se tiene una posición de fuerza superior para negociar condiciones mucho más favorables para el capital que para el trabajo. La propiedad privada es uno de los pilares del sistema, y sus defensores son capaces hasta de matar a otros seres humanos con tal de defender a sus intereses. Además, en la sociedad actual de escasez y pobreza generalizada, cuando se logra obtener un objeto útil, uno se aferra desesperadamente a él con tal de asegurarse la sobrevivencia. Los seres humanos nos hemos vuelto capaces de sacarnos los ojos con tal de cuidar nuestras cosas.

En cambio, en la sociedad humanista el sentido de los medios de producción será, pues, tal como su nombre lo indica: producir, y para toda la gente. Estos medios serán de quienes las estén ocupando en el momento. Serán herramientas de trabajo compartidas por toda la humanidad. Una empresa podrá hacer uso de las maquinarias que necesita, y facilitárselas a otros cuando las deje de ocupar.

Por otro lado, cuando hay abundancia material, cuando la subsistencia ya no es una preocupación, y además se le da otro sentido a la vida, se pierde el temor y la aprehensión sobre las cosas, y ya no tiene tanto sentido poseerlas.

En este escenario pierde sentido el poseer a los objetos. Por consiguiente, el concepto de propiedad privada será transformada en el concepto de uso. Se relajará el sentido de posesión permanente sobre los objetos, los cuales pasarán a pertenecer provisoriamente a quienes las estén ocupando en el momento. Tal como aún sucede en algunas familias fraternas, las cosas se compartirán dentro de la gran familia humana. El respeto por la propiedad del otro, se reemplazará por el respeto a la intencionalidad del otro, esto es, respeto a lo que está haciendo, respeto por su espacio y su privacidad, y respeto por su subjetividad.

 

Transformación de Varias Instituciones, y Desaparición de Otras...

En la sociedad humanista, las empresas e instituciones serán radicalmente distintas de como las conocemos hoy en día.

Las empresas manufactureras estarán orientadas hacia la producción solamente, como ya se vio con el ejemplo de la fábrica de zapatos.

Las tiendas, negocios y supermercados se transformarán en centros de distribución donde la gente puede entrar y libremente llevarse lo que necesita sin pagar. Los supermercados podrán ser similares a los de hoy en día, con muchos estantes bien provistos de alimentos, salvo una única diferencia: donde antes habían cajas registradoras con largas filas de gente esperando impacientes para pagar y poder salir, ahora no habrá nada: solo un gran espacio abierto donde la gente pueda transitar libremente. Las personas entrarán, llenarán sus bolsas de mercadería y se irán, sin pagar ni tener que hacer colas.

Los medios de difusión serán instrumentos de comunicación masiva para la gente. Debido a que cumplirán la función de permitir que la gente se exprese, estarán abiertos a toda persona que quisiera decir algo, y desde luego que no existirá censura de ninguna especie.

Los colegios serán abiertos a todos los niños, sin discriminación de ningún tipo. Esto significa que no existirá la distinción entre colegio privado y público. Más bien, los colegios serán todos privados, pero sin fines de lucro, y sin discriminaciones económicas o sociales sobre el ingreso de niños. Serán "privados" en el sentido que serán formados por la iniciativa privada de grupos de profesores que se unen para crear un colegio e impartir educación a los niños de su comunidad. En la sociedad humanista, los profesores (al igual que el resto de las personas) gozarán de una alta calidad de vida, muy diferente a las penurias que deben pasar hoy en día. Por consiguiente, habrá más personas que puedan desarrollar su vocación de maestro y existirán más profesores por niño, y ellos podrán dedicarse plenamente a sus alumnos al encontrarse liberados de la angustia por la sobrevivencia. En consecuencia, la educación será más personalizada. Los valores humanistas propiciarán, además del rendimiento académico, un mayor énfasis en el crecimiento personal, como parte fundamental de la educación, fomentando el desarrollo integral de los niños.

Asimismo, las universidades estarán abiertas a toda las personas que quisieran estudiar. No existirán restricciones al ingreso de alumnos, pues fiel a la actitud humanista, cada ser humano, con sus particulares conocimientos y habilidades podrá hacer, a su manera, su aporte a la sociedad. Cambiará el enfoque de los estudiantes: en vez de estar tratando de calcular cuales son las carreras que a futuro serán más rentables en el mercado laboral, los estudiantes estudiarán por vocación, lo que les gusta, lo que les hace sentirse bien como persona, y tendrán interés en adquirir conocimientos que les permita hacer un aporte a la humanidad. Aumentará la investigación, al haber muchas personas interesadas en contribuir a la evolución del ser humano.

En el campo de la salud, las clínicas y hospitales se formarán mediante la iniciativa de profesionales (médicos, enfermeras, etc.) que quisieran atender a las necesidades de su comunidad. Serán obviamente gratuitos, estarán muy bien equipados con los últimos adelantos tecnológicos, y la actitud de las personas que trabajan allí será cálidamente humana, orientada a sanar a las personas. Más aún, el enfoque hacia la salud será preventivo además de curativo, de modo que los centros de salud tendrán además una misión educativa, orientando a la población hacia hábitos y prácticas para una vida más saludable y plena.

Las empresas constructoras se orientarán hacia la calidad de vida para los moradores de sus viviendas. Se preocuparán de proveer un hogar agradable para las personas, en equilibrio con la naturaleza y con atención a áreas verdes. Los barrios y conjuntos habitacionales se diseñarán en conjunto con las personas que allí habitarán, de modo que la gente pueda ser co-gestora del lugar en que viven.

Además de las empresas y instituciones que se verán radicalmente transformadas, habrán otras que desaparecerán por completo, pues habrán llegado a ser obsoletas para la sociedad humanista del mañana. La causa de su extinción es el derrumbe de ese gran mito del siglo 20: el dinero.

En una economía donde el fin del trabajo y la gestión es aportar a otros seres humanos y donde además existe abundancia para todos, pierde sentido el concepto de comprar y vender. Con ello el dinero se vuelve irrelevante en la libre circulación de bienes, y por ende llegará a su extinción, tanto como procedimiento como concepto. Como corolario, la banca y las instituciones financieras correrán el mismo destino. Para montar una empresa, realizar un proyecto de investigación o construir un hospital, ya no será necesario acudir a un banco para conseguir el financiamiento, sino que el equipamiento, materia prima y mano de obra necesarias estarán disponibles gracias al trabajo humano voluntario y solidario.

Los dueños de las empresas serán los mismos trabajadores, y por lo tanto no existirán los accionistas. Así, tampoco existirán las acciones, bolsas de comercio, corredoras de bolsa, o empresas consultoras auditoras.

La muerte del dinero arrastrará consigo por el mismo camino a todas aquellas ciencias que se han creado en torno a él. Desaparecerán las disciplinas de la Contabilidad, Finanzas y Auditoría.

En una sociedad solidaria donde las necesidades humanas estarán garantizadas, las personas de la tercera edad recibirán todos los cuidados necesarios para su bienestar. Además la salud estará garantizada para toda la población. En este escenario, no serán necesarias las pensiones de vejez, viudez o invalidez, y desaparecerán las Administradoras de Fondos de Pensiones y las Instituciones Previsionales de Salud.

Dentro de este escenario sin dinero, donde las necesidades humanas estarán cubiertas solidariamente por todos, no será necesaria la recaudación de impuestos. Tampoco tendrá sentido restringir el flujo de bienes y personas de un país a otro, y en consecuencia se acabarán las aduanas y se disolverán las fronteras entre los países y pueblos. Así, desaparecerá el estado nacional tal como lo conocemos hoy en día.

 


documenti